Quienes hacemos EDH estudiamos, compartimos y promovemos saberes y prácticas respetuosas de los Derechos Humanos, convencidos de su progresividad, indivisibilidad e interdependencia. Somos personas comprometidas con la educación, los Derechos Humanos y la construcción de sociedades más justas, inclusivas y democráticas. Lo hacemos desde hace décadas, acompañando a víctimas en sus búsquedas de verdad y justicia, colaborando con organizaciones de Derechos Humanos de Argentina y del mundo, y trabajando también con el Estado argentino en el desarrollo de políticas públicas que han sido reconocidas internacionalmente por su compromiso en esta materia.
Venimos de trayectorias diversas —docencia, investigación, gestión pública, tecnología, diseño, comunicación, activismo social y producción cultural— y compartimos una convicción central: la educación transforma vidas y amplía horizontes de dignidad y libertad.
Creamos EDH para ofrecer un espacio de formación accesible, riguroso e innovador, capaz de integrar saberes humanistas con herramientas tecnológicas contemporáneas. Nuestro trabajo se inspira en la memoria, la justicia, la igualdad y la defensa irrestricta de los derechos fundamentales.
Cada curso, cada recurso y cada interacción en EDH buscan reflejar este compromiso. Somos un equipo interdisciplinario que utiliza la tecnología como herramienta para el bien común, para potenciar capacidades y para acompañar procesos educativos significativos en personas, instituciones y comunidades.
La explotación masiva de información y datos —verdaderos o no— está dando lugar a nuevas formas de vulneración de los Derechos Humanos. Algunas de estas prácticas parecen sutiles o insignificantes, pero introducen transformaciones a escalas nunca antes vistas, generando desigualdades profundas y pérdidas de derechos básicos para comunidades enteras.
La novedad es que, en este escenario, no es solo el Estado el responsable de garantizar el acceso a los derechos, promover la no discriminación y evitar que se reproduzcan las condiciones que posibilitan la explotación humana, el sometimiento o la esclavitud. Hoy también existen actores privados —corporaciones con presupuestos mayores que los de muchos Estados y con control sobre cadenas globales de suministro esenciales para la vida y el desarrollo— y gobiernos locales y administraciones que evaden sus responsabilidades y compromisos en materia de Derechos Humanos.
En un contexto cada vez más distópico, donde la discriminación estructural hacia grupos vulnerados persiste y se profundiza, reconocernos como semejantes en dignidad y derechos exige redoblar los esfuerzos en la educación en Derechos Humanos, para imaginar y construir nuevos modos y formas de vivir en común.